domingo, 17 de febrero de 2013

Ser libres para crear, para pensar, para opinar distinto



Augusto Rubio Acosta
 
En las aulas, los maestros repetían con insistencia que las sociedades se construyen desde diferentes enfoques y pensamientos, desde diferentes grupos de pertenencia, y que en ello residía el valor principal del periodismo. En las aulas nos enseñaron que sin libertad de expresión no podría existir democracia y que el mejor ejemplo de ello era el momento que los peruanos vivíamos. Corrían los primeros años de la aciaga década del noventa y la dictadura fujimorista se encargaba de castrarlo todo y maquillarlo hábilmente. A quienes fuimos entonces noveles estudiantes de una universidad tomada por asalto por el Ejército Peruano nos quedó entonces muy en claro que mientras viviéramos entre dos fuegos (el Estado y la subversión manifiesta) debíamos poner énfasis en nuestra formación humana y ética a toda costa, en aprehender de cualquier forma los elementos y las herramientas que nos permitieran poner los valores del periodismo al servicio de la sociedad, porque ésta lo estaba necesitando a gritos, en forma desesperada.

La universidad se convierte entonces en un espacio para comprender cómo se constituyen las sociedades democráticas; en el ideario de la misma debería reinar la libertad de expresión entre todos los miembros de la academia y en todos los temas, no sólo en la libertad de expresión propiamente entendida como tal (estoy hablando de la prensa), sino sobre todo en el ser libres para crear, para pensar, para opinar distinto y aún así poder trabajar mancomunadamente como equipo. La constitución de las sociedades  democráticas se construye de esa forma y el periodismo cumple aquí un rol esencial. El día que se acabe el verdadero periodismo, se acabará la democracia e ingresará la dictadura. No habrá nadie ya que defienda al ciudadano, nadie que se constituya en la voz de los que no tienen voz, todo estaría perdido.

La maldita TV


 Augusto Rubio Acosta

En sociedades como la nuestra, en las que el televisor es considerado más importante que una cocina o que cualquier otro artefacto doméstico, al punto de que en promedio existen dos cajas bobas (mal llamados televisores) por familia peruana, y un alto porcentaje de las mismas está colocada en la sala de los hogares y en el dormitorio, el camino para fomentar el hábito de la lectura entre los niños (obviamente con escaso o nulo control parental), se hace más difícil y tortuoso.

El asunto de la TV es extremadamente grave, porque además de ir a la escuela la principal actividad de los niños y adolescentes peruanos es ver televisión (1277 horas al año, en contraposición a las 1200 horas anuales que los más jóvenes ocupan en las aulas). En sociedades en que el mercado de la televisión por cable se expande en Lima y provincias (con una oferta mínima de contenidos de calidad para niños y adolescentes en la pantalla nacional), la caja boba domina hasta los momentos más íntimos e importantes de las familias.

¿Qué hacer para frenar una realidad apabullante como ésta?, ¿cómo evitar que los días que no hay clases, la mayoría de niños (95%) se dedique a ver televisión?, ¿cómo contrarrestar su influencia hasta en las conversaciones familiares durante el almuerzo?

La respuesta es sencilla y la tenemos todos al alcance: con voluntad, con firmeza y con perseverancia. Desterrar la televisión de la vida de nuestros niños resulta altamente saludable, sobre todo porque el tiempo antes destinado a ello será empleado en leer, dibujar, escribir, jugar e interactuar con la familia. Más allá de la TV hay otro mundo, uno mejor que muchos se niegan a verlo. Tú decides.  

Jerónimo Pimentel: “escribir es una aventura, un ejercicio de persistencia”


Entrevista a Jerónimo Pimentel, el autor de 'La ciudad más triste'
Marco Zanelli

Llamémosle Jerónimo Pimentel. Estudió periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú y ha publicado los poemarios Marineros y boxeadores,  Frágiles trofeos, La muerte de un burgués y el libro de prosas La forma de los hombres que vendrán por Matías P. Delgado. Su último libro publicado por Alfaguara¸ La ciudad más triste, es –a los ojos de este modesto escribidor— la mejor novela del año que se fue en Perú. Desde la mirada de Herman Melville, el autor recrea una Lima de salvajismo omnímodo, imperante desde su política hasta su modus vivendi. Pimentel nos habla de ella y de otros asuntos.

Quiero empezar por Melville. ¿Consideras que Melville es prescindible para una lectura de tu novela? Es decir, ¿se puede leer "La ciudad más triste" sin necesidad de haber recurrido antes a “Moby Dick”?
Sí, por supuesto. Toda obra tiene diferentes lecturas y la novela solo se hace en la medida que el lector la completa con sus afectos, sus experiencias y su imaginación. Quien no haya leído Moby Dick tendrá un tipo de resonancia, y quien la haya leído encontrará otros ecos. 'La ciudad más triste' no es un acto de imitación, y por tanto no es necesario conocer el "original". Dicho esto, debo agregar que nada me gustaría más que la novela funcione como una invitación a Melville.


Entonces, de alguna forma quizá subrepticia, le dices al lector: ahora puedes leer a Moby Dick. ¿Se podría considerar así?

No, en absoluto. No se trata de "ahora puedes" o "ahora no puedes". No planteo esos términos. Mi novela es un ensayo sobre Lima y un homenaje a Melville. Nada más que eso.
 
¿Este homenaje a Melville es algo que siempre has buscado o se cumple únicamente con "La ciudad más triste”?
No, es algo de lo que vengo dejando rastro desde mi primer poemario, 'Marineros y boxeadores'. Y de hecho, la novela inicia con un poema que figura en mi segundo libro, 'Frágiles trofeos'. Uno va pagando sus deudas literarias de esta manera, hasta que se hace inevitable asesinar al modelo, al acreedor. Esa ha sido mi intención con 'La ciudad más triste'.

Y aún esos resabios poéticos se pueden notar en la prosa. Este lenguaje, ¿se podría definir como tu voz narrativa o consideras que es una voz prestada, una voz a la que has tenido que recurrir porque el que tenía que decir las cosas era Melville?
No creo tener una sola voz narrativa, ni una sola voz poética. Creo que un escritor, o al menos en mi caso es así, tiene muchas voces para distintas necesidades expresivas o urgencias. Todas son mías o todas son prestadas, da igual.

¿Pero has procurado tener quizás un estilo más cercano al de los escritores decimonónicos para hacer más creíble esta historia?
De alguna manera, pero entramos ya a un terreno, a mi entender, libre. Borges decía que le gustaba escribir cuentos del pasado porque nadie sabe cómo hablaba la gente en el pasado, entonces era más libre de inventar; la oralidad dejaba de ser un problema. De alguna forma, he querido que en 'La ciudad más triste' se mantenga cierto espíritu 'melvilleano', algunas marcas formales (galicismos, referencias bíblicas, etc.), pero no mucho más. Como te decía antes, no es mi intención hacer un acto de imitación real, porque de ser así debería haber escrito en inglés decimonónico. La novela, en un punto, encuentra su propio lenguaje, y es en la consistencia de ese lenguaje donde se hace creíble y verosímil.

¿Has tenido problemas con ese tratamiento del lenguaje? Hay escritores que le encuentran mucha facilidad como Alfredo Bryce.
¿A qué te refieres exactamente?

A cuál es tu sensación frente a ese lenguaje, ¿te cuesta mucho escribir conforme vas avanzando en tus ambiciones literarias o cada vez lo encuentras más fácil?
No, no me cuesta escribir. De hecho disfruto mucho el proceso de encontrar un lenguaje, porque solo hay un lenguaje que permite expresar la emoción o contar la historia que necesitas relatar en cada caso. Es prueba y error. Vas viendo qué funciona y qué no. Y en ese lapso hay hallazgos y fracasos, hay descubrimientos y decepciones, hasta que encuentras el filón. Escribir es una aventura, un ejercicio de persistencia.

En "La ciudad más triste" leemos la evocación de un salvajismo omnímodo, que parece poblar casi toda Lima, ¿crees que aparte del cielo de Lima, eso es lo que la convierte en algo con mayor melancolía?
Sí, es una ciudad salvaje, que se hizo a punta de golpes y melancolía, como bien dices. Es una ciudad donde la moneda de cambio es el odio, con problemas identitarios, con una fuerte tendencia a no reconocerse a sí misma, que por lo general trata terriblemente a sus mejores hijos y que tiene una relación conflictiva con su entorno. Todo eso, a mi entender, alimenta una añoranza por la "arcadia colonial" de la que habló Salazar Bondy, en 'Lima, la horrible'. ¡Aún hasta hoy!

Ese salvajismo no ha cambiado mucho entonces. ¿Crees que no hay mucha diferencia entre la Lima de Melville y la Lima actual?
Creo que de alguna manera perversa es la misma ciudad, que alienta los mismos comportamientos. Pero de otra, y esto a la luz de los procesos de migración de las últimas décadas, tengo claro también que Lima ha muerto. La capital está en franco camino a ser otra urbe, una que aún no conocemos.

Aparte del salvajismo, también hay un plano onírico en la novela. Quizás temas de desdoblamiento, que podrían decirse fantásticos si no los considerásemos sueños. ¿Es una forma de contrapesar esa realidad salvaje?
Depende de cómo lo leas. Una forma de verlo es que la novela necesitaba un balance entre su hiperrealismo y un correlato onírico. Otra forma de verlo es que la acentuación de ese hiperrealismo genera un estado febril en el que la realidad se deshace y abre otro plano.

Pasando a tu papel de escritor o poeta. ¿Crees en esos compromisos sartreanos con la sociedad o piensas que se puede prescindir de ello? ¿Te sientes un escritor comprometido?
Creo en los compromisos ciudadanos. Creo que el escritor, como todo ciudadano, tiene el derecho de generar discursos críticos y políticos acerca de su realidad comunitaria. Asumo también que por hacer una labor intelectual, el escritor tiene en teoría más recursos para realizar estos acercamientos. Y sin embargo, eso no es cierto. Hay una cantidad enorme de escritores con una facilidad espantosa por decir tonteras. Una idea no vale por su origen, por quien la enuncia, sino por la calidad de sus argumentos.

¿Consideras alguna reminiscencia de Hora Zero circunscrita en tu estética? ¿O solo contribuyó a formarte como poeta por el ambiente familiar tan cargado de poesía?
Hora Zero ha sido fundamental en mi formación como escritor, no solo por el disfrute de sus obras, sino por su postulado teórico, el poema integral. Plantear que el poema es una fuente donde, desde lo poético, se pueden conciliar todos los discursos y estéticas, te permite crear una poesía libre y desacomplejada. Por supuesto, mi formación no se ha circunscrito a HZ, quiero decir, mis padres no han formado a un militante, sino a un hombre. Leo a Vallejo y a Eguren, a Eielson y a Varela, a Hinostroza y a Cisneros, a Calvo y a Morales, a los poetas de Hora Zero, por supuesto, pero también a Watanabe, Montalbetti, etc.

Fotografía de Jerónimo Pimentel:  Deborah Valença.

jueves, 14 de febrero de 2013

Cultural es siempre el camino



Augusto Rubio Acosta

En tiempos en que los sectores gubernamentales de las regiones del país deciden orientar el destino de la mayoría de fondos regionales hacia obras públicas mal hechas, construcciones innecesarias, corrupción y lucha contra el ciudadano que fiscaliza y desea cuentas claras respecto al erario que le pertenece a todos, nadie habla de combatir la pobreza por medio del fortalecimiento cultural, la reducción de las diferencias sociales y la creación de fuentes de empleo.

Nuestra región necesita fortalecer e impulsar a todos los actores en el ámbito cultural, incluyendo las industrias creativas que constituyen uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía, y que son generadoras de empleo y riqueza. El papel de la cultura en todos los sectores del desarrollo (comercio, economía, educación, ciencia, tecnología y turismo) debería ser prioritario de cara a la formulación de políticas de desarrollo sostenible.

La integración social por medio de la cultura es otro factor que no es tomado en cuenta. Facilitar el intercambio de información sobre políticas culturales, divulgar la información especializada sobre este sector, y promover y recolectar datos sobre las políticas culturales de otras regiones y países, contribuye con la creación de indicadores y nos vincula a todos. Es un asunto impostergable que debemos promover de manera urgente.

La necesidad de capacitarse en gestión cultural


 Augusto Rubio Acosta

La capacitación en cultura se ha convertido en una necesidad estratégica no solo en nuestra ciudad sino en cualquier ciudad del país, porque es esencial para la construcción de poder en el sector. Fortaleciendo la capacidad de decisión cultural, los agentes culturales buscarán aumentar su espacio de influencia, empoderamiento basado en el principio de la autodeterminación cultural, objetivo al que aspiran particularmente las minorías. 

Las poblaciones autóctonas (hoy pasadas por alto en todo el país) reclaman una devolución de poder a sus comunidades. Pero para el acceso al mismo es clave la formulación y aplicación de medidas concretas, que es tarea tanto del Estado como de la sociedad civil. En ese sentido, solo la participación más amplia posible de todos los niveles de la sociedad en la vida cultural garantiza una vida plenamente democrática.  

Desde el punto de vista de la sociedad civil, de los gestores culturales de la ciudad, el empoderamiento exige el acceso a la información, así como a los canales de expresión, representación y corrección. Urge informarse e informar, fortalecer y valorar las expresiones populares que enriquecen nuestro acervo cultural, necesitamos ocupar y abrir espacios en el territorio, en las administraciones y en los medios, integrar jurisdicciones, incinerar los egos que dificultan todo entendimiento (y que en el sector cultural de la región  abundan), necesitamos generar hechos concretos y enhebrar esfuerzos con otras áreas, para poder con el tiempo movilizar a toda la comunidad.

La cultura es demasiado importante para una sociedad como para dejarla en manos de una élite o una administración edil o regional. Movilizar a la comunidad no significa juntar gente en recitales masivos seudosubterráneos como los que de vez en cuando se registran en nuestra jurisdicción, sino involucrarla en aras de un proyecto común y propio del que sean verdaderamente protagonistas. Esto solo se consigue estableciendo alianzas estratégicas con otros sectores de la comunidad, para realizar proyectos comunes en los que haya responsabilidad compartida, que es una forma del reconocimiento mutuo. 

Hay mucho por hacer en ese sentido. Hay mucho por hacer en todo lo que significa cultura. Empecemos por capacitarnos.

Más allá de los ‘eventos de cultura'



Augusto Rubio Acosta

En nuestra región, pocos ciudadanos son conscientes de la necesidad de implementar políticas culturales, que a su vez desarrollen programas culturales y éstos a su vez proyectos culturales, los mismos que ejecuten eventos de cultura o ‘actividades culturales’ que -dicho sea de paso- en nuestra jurisdicción se realizan en considerable número, con diferentes resultados, pero siempre (evidencias sobran al respecto) sin saber adónde se dispara, adónde se va.

La siguiente fórmula o sucesión de términos es prácticamente desconocida para quienes de una u otra forma están vinculados al tema cultura en la jurisdicción en que vivimos: 

POLÍTICAS CULTURALES → PROGRAMAS CULTURALES → PROYECTOS CULTURALES → EVENTOS CULTURALES (ACTIVIDADES)

El proyecto cultural constituye entonces el tercer eslabón de esta cadena y tiene como misión generar un cambio, paliar necesidades que han sido detectadas en una fase anterior a su realización. Su fin es ese y debe tener capacidad transformadora. El evento en cambio responde a los objetivos del proyecto y debe estar a su servicio, no tiene sentido de forma aislada. 

En nuestra región abundan ‘eventos de cultura’ (muchos de ellos de dudosa calidad) que aparecen y desaparecen sin ningún objetivo concreto que no sea que el político, que permita a sus impulsores salir en alguna entrevista de televisión, y que no tienen ninguna capacidad transformadora ni responden a un plan de acción planificado. En ese sentido, los ‘eventos de cultura’ forman parte de la llamada espectacularización de la cultura, del endiosamiento de ciertos personajes y de ciertas formas culturales en detrimento del desarrollo de la comunidad. En nuestra jurisdicción el asunto empeora cuando hay quienes se consideran los ‘dioses y elegidos’ del sector, ciegos todos a lo que signifique pensamiento crítico y participación ciudadana. La sociedad tiene que empezar a preguntarse para qué se hacen las cosas y no sólo contabilizar las cosas que se hacen. Podríamos mencionar aquí festivales, conmemoraciones especiales y un sinfín de estos eventos que no generan cambios sociales pero que dan la sensación de que “se hacen cosas”.

Los ‘eventos de cultura’ en la ciudad son consecuencia de la ausencia de una política cultural. La ausencia de políticas culturales es una forma más de política cultural, si no intervenimos en ella estaremos también tomando partido, siendo cómplices del caos y la mediocridad en que vivimos.

domingo, 21 de octubre de 2012

rocktubre


augusto rubio acosta

te escribo esta carta

enciendo este momento sagrado
porque tenemos derecho al delirio
porque en este mundo prostituto
urge la capacidad de vivir cada día
como si fuese el de nuestro nacimiento
urge continuar ejerciendo esa extraña voluntad
de belleza y de justicia
permitirnos soñar para poder vivir cada noche
como si fuese la última
                                          [ la del estribo ]
la de nuestra muerte


te escribo esta carta
porque tus ojos
                              [ como la utopía ]
habitan siempre mi horizonte
uno que tal vez nunca alcance
porque cuando escribo
                                           [ y me prolongo ]
cada vez más se aleja
te escribo esta carta
para que cuanto más la busques
menos la encuentres
para que se vaya alejando
a medida que me acerque
para que cuando pasen los años
yo solo sea el hombre salvaje
y del populorum que te ama
el que aprendió a lavar su taza
y a comer cachangas por corrientes
                                                                [ casi siempre ]
exhausto de tanto andar


te escribo
porque después de todo
la utopía sirve para eso
para caminar
                        [  porque hacer otra cosa no sé ]
excepto incendiar nostalgias y abismos
abrazarte en primavera
cantar
             [ extrañarte ]
vivir.

lunes, 8 de octubre de 2012

puerto eten

augusto rubio acosta

hubo un tiempo
en que mis palabras fueron vanos fragmentos
y balbuceos a la hora de registrar sonidos
un tiempo en que el contemplar el ir y venir de la historia
poblada siempre de grandes y oscuros cielos
fue una mayúscula catástrofe celeste

tan parecida al amor
a la vida a la muerte
a ese océano mudo donde se puede pescar sin límite
el insondable estornudo que a uno siempre lo acompaña


hubo un tiempo de luz pero también de sombra
y madrugadas en que era imposible distinguir
si estaba atado al escritorio o a la silla
caminando sin tropiezo entre la nada y la materia
atravesando el mar los accidentes geográficos
las matemáticas los números
todo aquello que se ocupa de la música


hubo un tiempo
en que nada me decían mis palabras
y entonces recurría a la cajita de fósforos donde duermo
para incendiar tanto silencio
a la almohada donde rasguñaba historias
que hablaban de los fondos mutuos
de los valores de cuota y rentabilidad de la vida


yo nunca supe de commodities
de tasas de interés
ni indicadores bursátiles
la misión que tuve siempre en la vida
fue defender nuestra luna
el cielo las nubes las estrellas prostitutas
la alegría que a pesar del cemento y la mierda
brota como reclamo
de lo más profundo de la tierra


yo nunca supe
de bonos soberanos y corporativos
lo mío fue despertar siempre a medianoche
con el pijama lleno de luces
y el cigarro inexistente encendido
los míos fueron siempre versos pálidos e inútiles
el rock & roll y un viejo tocadisco
la camisita que tengo puesta
y mi catre de madera
el color de la libertad
tu sonrisa


hubo un tiempo
en que la hecatombe
la distemper y la pena
se apoderaron una vida de mi patria de palabras
pero de pronto descubrí
que felizmente todavía me polinizo en el viento
y discuto a solas con mi propio diccionario
descubrí que aún creo en la alegría de mis muelas
que muchas veces no se dan por aludidas
que aún confío en mi guitarra
en las canciones que nunca termino


¿qué sería de mi si este mar no existiese y no se pareciera a la muerte?
¿qué sería si este puerto no me recordase que estoy vivo
y hay que aprender a temblar?

sábado, 6 de octubre de 2012

Adiós Cisneros, hasta siempre poeta


Augusto Rubio Acosta

A la hora del almuerzo, no hubo almuerzo. A la hora de la cena, no hubo cena. Antonio Cisneros ha muerto. Se fue ayer muy temprano y el ministro de Cultura dijo que su partida constituye “una gran pérdida”, una que estamos seguros no entiende, nunca entenderá a cabalidad, porque para entenderlo hace falta -más que palabras- modus vivendi, lectura atormentada y absorbente, experiencia de vida.

Se ha ido uno de los grandes poetas que aún teníamos y el Ministerio de Cultura –sorpresivamente- decidió hacerle un homenaje (cuando está bien muerto). Se ha marchado quien desde muy joven supo marcar las fronteras con sal y estacas, quien ayudó a techar la casa de la poesía (de la generación del sesenta), y que una vez concluida la pequeña obra hizo fiesta con los maestros albañiles, elaborando una cruz de palo para amarrar geranios, lluvias de oro, también panes con carne asada, yerbas, cebollas, libros y bosques de cervezas.

Se ha ido Cisneros y sobre el horizonte de tierra, sobre los astros de tierra, aprovechamos la hora en blanco de la tarde para hablar del poeta-plantígrado-hormiguero que acompañó nuestros más dicharacheros almuerzos y nuestra existencia lectora desde el principio. Quizá fue la edad, el tiempo en que despertamos a la vida, los años en que fue más sencillo mirar las cosas tras un cristal y echarse a caminar por las calles como si alguien nos persiguiera, como si algo nos perturbara, y no teníamos más remedio que restregarnos los ojos con fuerza frente al mar y acomodarnos la camisa maltrecha, para poder acercarnos a la palabra escrita con dignidad, con la frente en alto.

Es domingo en Chimbote. La fotografía de Cisneros aparece en las páginas de todos los medios impresos, en cada esquina soleada de mi ciudad está su imagen desmelenada y rebelde (cuando joven), su retrato acartonado (de sus años taciturnos), y en verdad es una honda pena la que hoy experimentamos. No es fácil aceptar que alguien que en forma de libro nos acompañó toda una vida, hoy ya no está para continuar haciéndolo (aunque la buena poesía nunca muere). Ayer nomás tocábamos a su puerta para una conversa (libresca e imaginaria siempre). Ayer nomás su risa, su ironía, su palabra, su abrazo sentido. ¿Qué podemos hacer, árbol sin hojas, fuera de dar la última mirada en dirección del paraíso perdido?, ¿qué podemos hacer ante el misterio de la vida?...  ¿Habrá dejado una lámpara encendida el poeta que ya llegamos todos para hacerle compañía? Responde sol oscuro de Chimbote, responde atardecer de El Trapecio-Florida-Libertad-todo Meiggs-Señor de los Milagros-Terminal Terrestre, ilumina un instante siquiera, aunque después te apagues para siempre...

martes, 25 de septiembre de 2012

#antes

#antes
cuando solía vencer a la noche
a la muerte
a la noche del mar
y a su corriente indómita
me ponía a pensar

que de un árbol derrribado
de flores aciagas e irremediable ceniza
se podía iluminar la luna
y alumbrar el corazón
de quienes siempre defendían nuestro cielo

#antes
la música mitigaba el dolor
el fresco silencio de las tardes
y mis ojos de niño suicida
palpitaban el firmamento puro
de quien conoce el fango y la ternura
de quien tropieza y se levanta
de quien enhebra sus carrizos
para elevar su cometa
y cantarle a la alegría
con el pabilo de la infancia

#antes
esta torre de palabras hubiese llegado al cielo
hoy la incinero junto a mis zapatos
y me quedo a esperar la lluvia
la muerte...

jueves, 9 de agosto de 2012

Pasión por la cultura




Augusto Rubio Acosta

De la reciente XVII Feria Internacional del Libro de Lima (y de su accidentada inauguración) nos trajimos una publicación descatalogada que hace años perseguíamos y que finalmente pudimos encontrar en el siempre valioso stand del Instituto Francés de Estudios Andinos, un libro de más de quinientas páginas que hemos empezado a leer con fruición estos días y que a todas luces recomendamos por tratarse de la tesis doctoral de Gérald Hirschhorn.
El volumen: “Sebastián Salazar Bondy: pasión por la cultura” (Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1995) examina principalmente el periodo 1954-1965 en el que Salazar Bondy se convierte en prolífico protagonista del ambiente cultural limeño. El libro es en verdad un retrato del ambiente cultural de ese periodo, una contribución importante en tanto constituye el inventario de la abundante producción periodística y literaria de Salazar Bondy (incluyendo trabajos inéditos), esfuerzo que hasta la fecha nadie más ha realizado y que sirve para quienes como bibliófilos y seguidores del ejemplo de nuestro eslabón cultural más grande podamos orientarnos mejor y comprender la evolución y proceso del gran gestor y personaje cultural que fue el autor de “Lima la horrible”.
Conocido más por su vasta obra teatral y sus ensayos (los de arte publicados tardíamente, los periodísticos aún pendientes), Salazar Bondy fue sobretodo el más fecundo promotor cultural del que tengamos noticia, estuvo dotado de un notable espíritu de comprensión humana, generosidad y sentido del humor, que hoy no existe y se extraña. Quienes puedan conseguir el libro (lamentablemente en Chimbote no se pueden hallar este tipo de publicaciones, hay que trasladarse hasta Lima) lo van a disfrutar; a los que no lo encuentren, avisen –con confianza- para visitar juntos las fotocopiadoras de la avenida Pardo y dar rienda suelta al respectivo pirateo.

Seguir escribiendo, seguir fracasando



Augusto Rubio Acosta

En el Perú, donde existen todas las condiciones para la muerte y desaparición definitiva de la literatura, es una hazaña publicar un libro; si se trata de una publicación cuyo contenido es valioso, el hecho se convierte en algo heroico. En los tiempos que corren, proliferan sellos editoriales “independientes” e iniciativas libreras vinculadas a un empresariado y emprendedurismo mayormente atento y dispuesto a todo aquello que venda y constituya un fructífero negocio, convirtiendo al libro en vil mercancía y marginando a quienes verdaderamente producen cultura y conocimiento elevados.
Así es y así ha sido siempre. Por ello es complicado –imposible casi- ser escritor en los días que nos tocan. Vivir a salto de mata o lo que es lo mismo: inmerso en la literatura, nos acerca a esa estrecha frontera entre el autoflagelamiento y la sobrevivencia. Sin embargo, todavía hay autores que preferimos que  nuestros libros hablen por sí mismos, que preferimos estar dedicados a lo literario, establecer una relación radical con las letras, y organizar nuestras vidas alrededor de la producción de ficción y no ficción, sin promoción, sin agente literario, sin editor, sin grupo literario de por medio, etcétera. El resultado (el libro) siempre será –en consecuencia- espontáneo y estaremos más centrados en escribir en el sentido más entero del término; eso es lo finalmente valioso, lo imprescindible.
Estos días, que alisto la nueva edición de uno de mis libros, me he puesto a reflexionar aún más en las enormes limitaciones que existen para publicar y en que quien sabe el esfuerzo que uno hace para compartir lo escrito esté encaminado al fracaso. Quienes toda la vida hemos sido hacedores y hemos tenido un objetivo: escribir, lo sabemos de una u otra manera. Ese es nuestro espacio más intenso y necesario, el libro es nuestra herramienta (nuestra arma) frente al mundo, pero el fracaso (ese territorio de la imposibilidad que es la literatura) nos lleva a seguir escribiendo y a seguir publicando (y fracasando) hasta el día que el camposanto del cerro San Pedro nos permita el ingreso y pasemos a la antihistoria. Es cruel decirlo, pero es así; y es hermoso y bueno que así sea.

domingo, 22 de julio de 2012

Chimbote en la literatura peruana


Javier Garvich


Lima, siempre Lima. La eterna cantaleta del centralismo de la capital y su visión paternalista sobre el resto de las regiones del Perú. En Lima nos lo tomamos a la ligera, pero –hablando en plata- el centralismo limeño ha sido una maldición para el Perú. Países tan cercanos como Bolivia y Ecuador tienen en sus ciudades igual o más protagonismo cultural que la capital. En México, Guadalajara o Monterrey  se destacan en producción cultural o científica por encima del Distrito Federal. En Alemania hay no menos de una treintena de ciudades de trayectoria estelar en diversas disciplinas o temáticas. Incluso en un país “en vías de subdesarrollo” como lo es  el ahora agónico Estado español, hay varias ciudades que en propuestas culturales  rompen la dicotomía Madrid- Barcelona como Gijón y su relación con la novela negra, Valencia como referencia del arte contemporáneo, Bilbao y sus propuestas de desarrollo sostenible en una ciudad degradada por el industrialismo de dos siglos. Incluso ciudades pequeñas como Mérida, Valladolid o Cáceres se hacen un sitio en el año como impulsores de festivales artísticos internacionales de bastante calidad sea en teatro, cine o música.

He hecho este rodeo para remachar  nuestro anacrónico y perverso centralismo. Centralismo que nos dice que acá en la capital se cocina la sustancia de la inteligencia nacional y que del resto del país apenas se consignarán aportes y complementos (generalmente turísticos y folklóricos).

Y no es así.
 
 
 

En muchos posts yo ya les he informado de la activa vida cultural que hay fuera de Lima. Su lado más visible es la saludable proliferación de Ferias del Libro en distintas regiones, destacando las que se realizan en Trujillo o Huancayo. Pero el otro lado, el más negado, es el de las propuestas y prácticas culturales renovadoras en las letras peruanas. Y Chimbote es una de ellas.

Chimbote -en el imaginario nacional alimentado por cuatro décadas de racismo mediático- aparece como un inmenso pueblo joven, apestoso a más no poder, lleno de cholos imberbes que llegaron buscando el dinero fácil de la pesquería. Un auténtico pandemónium urbano, canon de la informalidad y meca del ignorante con plata. Nadie se imagina en Lima a Chimbote como un faro cultural.

Y, sin embargo, lo es.

Arguedas, nuestro gran pionero, lo vio. Llegó a la bahía y observó lo que los ojos limeños nunca captaban: La diversidad, la magia de la interculturalidad, las potencialidades de los pueblos emergentes, vivos, creadores. Para Arguedas, el futuro del país no se delineaba en la capital, lo hacía en Chimbote, allí se fraguaba el gran experimento de un nuevo crisol de prácticas, de cotidianidades, de culturas.

No me voy a demorar en glosar el aporte de Chimbote a la cultura, apenas cito: desde la formidable producción del grupo Isla Blanca o la originalidad poética del vate Juan Ojeda hasta las iniciativas literarias y editoriales de JaimeGuzmán Aranda, Augusto Rubio y Ricardo Ayllón. De la vigorosa poesía de Enrique Tamay e Italo Morales a la memorabilia narrativa de Miguel RodríguezLiñán y Braulio Muñoz. Una ciudad donde todavía los recitales de poesía tienen un público masivo y fiel, donde la presentación de un libro se da desfilando por las calles con banda de música o haciendo performance en un burdel. Una ciudad con una variedad revistas de poesía, con programas de radio sobre literatura, una feria del libro consolidada, bastantes (demasiadas) universidades y que cuenta con propuestas innovadoras en políticas culturales sobre el accionar editorial y el uso de las nuevas tecnologías en promoción cultural. ¿No me crees? Ve a Chimbote.




Pero, por encima de todo, está el ascenso y la merecida premiación del escritor Fernando Cueto. Ex policía y (espero) ex abogado, Fernando Cueto se  tiró de bruces a la piscina de la literatura. Se ha convertido en el gran narrador de Chimbote, interpretando su memoria, recreándola y convirtiéndola en parte de nuestra historia: Lancha Varada (Rio Santa Editores, Chimbote 2005) un canto a las promesas truncadas de adolescentes que soñaban con cambiar sus vidas y las de su país. Llora Corazón (Rio Santa editores, Chimbote 2006) que es, sencillamente, la novela de Chimbote: donde nos regala la rica y contundente polifonía de los diversos sujetos que forman parte de una cultura popular que terminará expandiéndose por todo el país. Dio el salto al escribir Días de fuego (Rio Santa/San Marcos, Lima 2008) una novela sobre nuestra guerra interna contada (supongo/imagino) desde su experiencia de suboficial de la entonces Policía de Investigaciones del Perú, una novela –ojo, ojito- nada patriotera ni corporativa, más bien crítica y que nos propone otra visión (inevitable) de nuestra guerra civil. Cueto ha sido galardonado por el prestigioso Premio Copé 2011 de novela por Ese camino existe, una novela dedicada nuevamente al conflicto armado interno y, qué bacán, es la respuesta (otra más, porque hay varias) de esa  otra parte del país frente al discurso tradicional de una literatura mediática capitalina que ha agotado sus recursos frente a un tema que (con excepciones) siempre le ha parecido distante y ajeno.

 
* Lea el post completo vía Lápiz y martillo.

¿Hacia dónde se dirige el periodismo cultural?




 El periodismo cultural: una pasión inexplicable.

El desarrollo y la felicidad




Del extraordinario discurso pronunciado por el Presidente de Uruguay, José Mujica, durante la Conferencia ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20, en la que hizo un llamado a cambiar el modelo económico, reproducimos aquí algunos de sus más brillantes pasajes.

- ¿Qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?
- El planeta, ¿tiene los elementos materiales como para hacer posible que siete mil, ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible?
- ¿Estamos gobernando esta globalización, o la globalización nos gobierna a nosotros?
- ¿Es  posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos, en una economía que está basada en una competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?
- La gran crisis no es ecológica, es política. El hombre no gobierna hoy, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre.
- No venimos al planeta para desarrollarnos… venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es elemental.
- Si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía es el fantasma del estancamiento. Pero ese hiperconsumo es, a su vez, el que está agrediendo al planeta
- No se trata de volver al hombre de las cavernas, es que no podemos  indefinidamente continuar gobernados por el mercado.
- Pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho, y desea y desea y desea más y más.
-  El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, a favor del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental. Precisamente porque eso es el tesoro más importante que tenemos.

Fátima Buntix: un perfil




Fátima Buntinx ha perdido a su gato. Desapareció de pronto y ella lo busca por todos los rincones de su casa. Eso ha variado los planes: a esta hora de la mañana yo debería estar sentado con ella, haciéndole preguntas y anotando cosas. Habrá que esperar. «¡Momoooooo!», grita la niña mientras entra y sale de las habitaciones arrastrando sobre el piso sus sayonaras, unas sayonaras que llaman la atención por su color dorado. Fátima tiene diez años y el motivo de esta visita es su debut en el cine, un debut que la ha convertido en una minicelebridad en Lima, la engreída de los críticos y una de las principales atracciones de los festivales a los que ha asistido.

Es posible que el alboroto tenga que ver con el personaje que interpreta, un personaje fuera de lo común. En Las malas intenciones, Fátima Buntinx es Cayetana de los Heros, una niña enigmática e introvertida que tiene el sentido del humor de Merlina Adams —versión Christina Ricci— y la malicia de Ana Torrent en Cría cuervos —el filme de Carlos Saura donde la protagonista trata de envenenar a su tía con leche y unos polvitos—. Las malas intenciones está ambientada en Lima, en 1982, en pleno inicio de la guerra interna del Perú, con Sendero Luminoso manifestándose en forma de bombas, apagones y perros muertos colgados de postes de luz. En la película, la niña ha decidido morir el mismo día en que nazca su hermanito menor.También mata a un canario amarillo usando penicilina y dice cosas como: «Quieren un bebé nuevo ¿por qué? ¿Qué pasa con el viejo? ¿Ya no sirve porque tiene asma?». «¿Cómo sabes que estás embarazada? ¿Y si es un tumor?». «Mamá, tengo malas noticias: te vas a ir al infierno». Esta última línea, dicha por Fátima Buntinx frente a un espejo, dejó fascinada a Rosario García Montero, la directora y guionista: «Fue increíble, se veía muy fresca y se acordaba de todo, era como si de verdad acabara de pensarlo», me dijo hace unas semanas. Y sí, Fátima Buntinx ha sido muy convincente —ganó el Colibrí de Oro a la mejor actriz en el Festival de Marsella—, y por eso algunos se confunden al verla. Susana Torres, su madre, me lo advirtió por teléfono: «Los periodistas piensan que Fátima es Cayetana y esperan respuesta llenas de humor negro. Pero ella no es Cayetana, ¿okey?»

Más lectura y perfil completo vía Etiqueta Negra. 

Marea cultural: cinco años y un nuevo camino




En el quinto aniversario de nuestro blog (ayer se cumplió un lustro desde el sábado 21 de julio de 2007 en que echamos a rodar esta máquina 2.0) no podemos sino agradecer a ustedes, los fieles lectores que han asistido a los miles de post que por este espacio han desfilado con la única y sana intención de aportar al desarrollo cultural de Chimbote y el país. Agradecerles por su tiempo, interacción, tolerancia y paciencia, por compartir junto a nosotros la pasión por el aprendizaje colectivo, la pasión por las artes de la academia y de la cultura viva, por ver el mundo desde nuestra perspectiva: la que defiende los derechos humanos como el único camino para constituirnos en una sociedad diferente.

Compartir con ustedes -en esta fecha especial- un documental imprescindible, uno que habla de la vida y obra de Sabato, ejemplo de escritor, de intelectual y de –como alguna vez el autor de “El túnel” se expresó sobre el Quijote- “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.



Desde Chimbote, nos abrazamos hoy con ustedes. Levantamos nuestra copa para brindar por estos años que son solo en principio de la nueva época de @mareacultural que hoy se inicia. Muchas gracias.

domingo, 10 de junio de 2012

"El viejo y el mar", en stop motion

Original corto, versión especial de una de las obras clásicas de la literatura universal: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Igual, hay que leer (o releer) el libro.

lunes, 28 de mayo de 2012

Libros al peso: más económico, imposible


Trópico de Cáncer, de Henry Miller. De bolsillo. 275 gramos. 2’75 euros. El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Tapa dura. 500 gramos. Cinco euros. Raquel Olózaga pesa los libros en una báscula digital. Podría hacerlo en el viejo peso para bebés que se encuentra al fondo de la tienda, pero no es tan preciso.
La vida de Raquel ha transcurrido siempre entre los puestos de los mercados de barrio. Se siente cómoda y tranquila. Razones familiares: su abuelo era carnicero y regentaba una tienda donde se vendían vísceras y despojos de res. Hoy, Raquel está más cerca que nunca de esa infancia con su nuevo trabajo. Ella y cinco amigos han abierto una librería de segunda mano a la que han bautizado precisamente como el negocio que tenía su abuelo, La casquería, en el renovado mercado San Fernando de Lavapiés. La novedad es que esta es la única en la que todos los libros se pagan al peso. ¿El precio? 10 euros el kilo. Aquí no se paga el contenido sino el material. Esa es su filosofía.

(...) 

“El proyecto surgió del amor que sentimos por los libros de segunda mano. Husmeábamos en las tiendas cuando teníamos tiempo y pensamos que, aunque no era un buen momento para abrir una librería al uso, sí podía serlo abrir algo alternativo. Investigamos y nos dimos cuenta de que en España no existía este tipo de oferta. Fue entonces cuando decidimos embarcarnos en esta aventura”, explica. La apertura de su negocio coincide con el anuncio de las cifras de lectura en España ofrecidas por la Federación del Gremio de Editores y que sitúan a Madrid como la Comunidad que más lee en su tiempo libre (70’2%). Una suerte para ellos...

(Post completo vía El País)

Anatomía de la decepción*

Sentirse decepcionado se asemeja a un final, a la conclusión que tiene aquello por lo que se apostó y se perdió. Una conclusión es la consecuencia de un proceso de reflexión que exige tiempo y espacio en cantidades variables. En términos facilistas, podría decirse que la reflexión está atada al pasado y la conclusión al presente. Se da por obvio que cuando se concluye algo se está mejor preparado para afrontar el futuro. Lo cierto es que toda conclusión llega tarde.

Se asume entonces que la decepción es una conclusión, la respuesta a una pregunta realizada sobre algo o alguien. El desenlace lógico, uno de los tantos finales posibles que tiene un proceso. La decepción, no obstante, alberga una serie de características que la alejan de cualquier reflexión.

La base de la decepción es la esperanza. La esperanza se nutre de suposiciones y deseos, no de razón y objetividad. Sentirse decepcionado no es más que la consecuencia natural que siente aquel que intentó sentar la base de su futuro sobre un piso de cristal. Cualquier noción respaldada por la esperanza es inútil, porque la esperanza es lo último que se encargará de decepcionarte.

Saber esto no sirve de nada. El ser humano ha creado mitos y religiones con base en el poder de la esperanza, por lo que es entendible que el mundo adquiera forma a partir de algo destinado a decepcionar. La decepción, más que una consecuencia, es un castigo, algo que la gente merece por creer -a pesar de los datos objetivos- que puede haber futuro donde solo hay vacío.