Leyendo -vía lafquén- el extenso ensayo "Hacia una poética de la periferia de la costa peruano-chilena, del educador e investigador chileno Marco Chandía, encontramos -en las conclusiones del estudio- la referencia inevitable a la efervescencia cultural y literaria en Chimbote. A continuación un breve fragmento: Chimbote. Los habitantes de este puerto atesoran dos hechos históricos, sociales y culturales que superan a los de cualquier otra ciudad del Perú. El primero es que a mediados del siglo xx llegó a ser el puerto pesquero con mayor producción en el mundo, y el segundo que J. M. Arguedas (1911-1969) haya extraído de ahí la materia prima para escribir su póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971). Es difícil desligar ambos hechos. El fervor de la pesca fue la causante de una inmigración serrana que refundó, o mejor dicho, fundó Chimbote. El trabajo, la vida portuaria en todo su esplendor, junto a la llegada de indígenas serranos y de negros, hizo de este puerto un espacio de una diversidad y riqueza cultural únicas en el contexto subpanameño. Desde entonces se fue configurando una identidad chimbotana que miró siempre a su pasado, que ensalzó la vida del trabajador portuario y que incorporó sin mediar conflictos una vida licenciosa y festiva. Instaló además en sus habitantes el orgullo por su pueblo. A sentirse primero chimbotanos y luego, quizás, peruanos. Miró siempre Lima con recelo y al Callao como puerto hermano, mayor. Comenzó a surgir así una imaginería que aportaba desde todas las artes. Una pintura, una música, una literatura, con editoriales y entusiastas activistas culturales, que le fueron dando espesor. Se hicieron cargo de esa ciudad que antes de los cincuenta apenas era un puerto más de la costa norte. De tal forma que hablar de Chimbote es hablar de cultura porteña y popular. Allí caben todas las expresiones y todas las imágenes posibles ...












