viernes, 19 de abril de 2013

La papa caliente de la cultura


Augusto Rubio Acosta

En tiempos en que ninguna de nuestras autoridades sabe (quién sabe no tienen la voluntad de) elaborar un plan cultural sistemático, concreto e integral sin favoritismos ni exclusiones, como tampoco de armar un equipo de trabajo sostenido, suficiente, con gestores y difusores que tengan experiencia y una formación mínima al respecto, así como que tengan –además y obviamente- capacidad de trabajo y que no actúen de modo displicente o con apatía frente al rubro, es muy complicado para quienes están detrás de la gestión de cultura en Chimbote sacar adelante la escena.

La necesidad de crear un programa que abarque todas las áreas posibles de difusión, suerte de hoja de ruta consensuada entre las instituciones públicas y los sectores privados interesados, es cada vez más grande. Se debe convocar a todos y recibir los aportes de cada uno de ellos sin excepción, crear un consejo consultivo permanente de temas culturales, turísticos, artísticos, históricos, pedagógicos, de identidad y memoria, formado por profesionales y conocedores con capacidad de proponer ideas vinculantes y con legitimidad, que sean refrendados por los funcionarios políticos y administrativos respectivos.

Si nuestros funcionarios (presidente regional, consejeros, los alcaldes, regidores y todos quienes están vinculados con las decisiones) no tienen una idea clara sobre los ejes hacia dónde debe ir el carro de la cultura, será imposible valorar los proyectos y planes culturales por su pertinencia, importancia, calidad, innovación, impacto social y económico o educativo; será imposible armar un banco de ideas y actividades que tenga un perfil detallado y muy preciso, sustentable y real; será un sueño formar un plan de sensibilización y fomento de la importancia del ámbito cultural entre funcionarios y empleados administrativos. Debe existir entonces una sensibilidad manifiesta y no impuesta. Si a eso le sumamos planificación, calendario de trabajo, presupuesto digno y estrategia de marketing y difusión (ojo con ello que resulta imprescindible), será imposible gestar el plan cultural descentralizado que Áncash y Chimbote necesita. 

La pregunta cae nuevamente en oídos de todos los involucrados con el tema: ¿Quién se hace cargo de liderar una cruzada como esta?, ¿quién media, quién gestiona, quién coge la papa caliente y hace realidad el sueño de todos los que deseamos una ciudad y una región digna y distinta?

jueves, 18 de abril de 2013

El irrisorio presupuesto de cultura para el 2013


Augusto Rubio Acosta

Es triste que a 319 millones 340 mil nuevos soles ascienda únicamente el presupuesto del Ministerio de Cultura que le ha asignado el Poder Ejecutivo para el año 2013, lo que representa 113 millones de soles más que el correspondiente al presente año, pero menos del 1 por ciento del presupuesto del sector público: 0,29%

Es lamentable y altamente indignante para una institución pública, que además tiene asiento en el Consejo de Ministros, recibir el presupuesto antes mencionado porque con ello es imposible llevar adelante retos importantes en lo que es patrimonio cultural, industria cultural, arte y acceso a la cultura, interculturalidad, así como generar sentido a la identidad nacional, implementar procesos de consulta previa a nivel nacional, protección de los pueblos indígenas en situación de aislamiento, y protección y difusión de las lenguas indígenas.

En verdad no sabemos cómo (con ese dinero) el Ministerio de Cultura puede tener entre sus metas principales para el año 2013 el fortalecimiento de las direcciones regionales de Cultura para que se conviertan en herramientas de acceso a la cultura; la protección y defensa de los sitios arqueológicos y el patrimonio cultural, que incluye la repatriación de objetos arqueológicos. Tampoco sabemos cómo se repotenciará el Archivo General de la Nación y la maltrecha y repetidamente saqueada Biblioteca Nacional del Perú, cuyo presupuesto para este año ascendió a la exigua suma de 19 millones 825 mil nuevos soles.

En fin, ya sabemos todos que al gobierno central –como al de la región Áncash y al de la comuna de Chimbote- no les interesa la cultura, pero igual nos indignamos y exigimos respeto y compromiso con lo único que es verdaderamente necesario e imprescindible.

Un abrazo desde el búnker


Augusto Rubio Acosta

En días como hoy (en que amanecimos más reflexivos que de costumbre), es necesario que la autocrítica se abra paso. Instalarla en este pequeño espacio respecto al producto que entregamos, estimado lector, y no solo vivir del victimismo ante los cuestionamientos externos, es más que indispensable para todos los que ejercemos desde siempre (desde la vida anterior) esta complicada pero hermosa forma de vida. Ello no implica, por supuesto, autocensurarnos; al contrario, autorregulándonos estamos seguros que haremos un mejor periodismo.

Día a día, desde el búnker construimos la libertad que nadie nos otorga, que la hacemos nosotros mismos. Con las notas que aquí posteamos, que muchas veces conseguimos en las calles, en los espacios más disímiles y que traemos a este pequeño espacio digital, se enhebra desde hace más de seis años el manojo de post que tiene usted en las manos (si es que llega a imprimirlos) y que busca siempre defender la libertad desde la praxis periodística, sin esperar nada a cambio. Desde estas páginas somos críticos (muchas veces ácidamente duros) con todos, y buscamos contribuir siempre con el desarrollo cultural y social de Chimbote, la región Áncash y el país, espacio geográfico al que nos debemos y al que hemos acompañado desde siempre en sus grandes luchas por un mejor destino.

En días como hoy, en que los medios de comunicación y el periodismo cultural están cada vez más sensibles a los cuestionamientos o intentos de injerencias políticas, en días en que la audiencia está más inquieta y desconfiada con todo lo que sucede, es cada vez más complicado hacer periodismo no solo por la crisis de credibilidad, sino también por los cambios en el negocio y en la misma profesión. Sin embargo, aquí estamos y aquí moriremos, comprometidos con nuestra realidad y la no manipulación de los hechos, abrazando una profesión digna y transparente siempre hasta el final de nuestros días.

Muchas gracias por estar ahí todos estos años. Un abrazo desde el búnker.

Periodismo cultural, esas palabras proscritas



Augusto Rubio Acosta

El intercambio de experiencias y visiones sobre periodismo cultural permite desarrollar en los estudiantes universitarios, en la comunidad académica, una perspectiva cultural de la cobertura noticiosa, más allá de lo puramente informativo. El periodismo cultural implica cubrir no sólo el acontecer en las diversas disciplinas artísticas, sino también abordar y analizar procesos culturales mucho más complejos. En ese sentido, creemos que es el periodismo más humano e inclusivo que existe. Se trata de un periodismo que aterriza los procesos sociales y culturales abordados por los artistas a través de su trabajo creativo, mediante un análisis más profundo de estas realidades.

Al respecto, se cree que el periodismo político y el periodismo económico deben estar en el primer lugar de la escena, de la agenda, y ese es un prejuicio que debemos combatir tenazmente. La cultura implica alimentar un cambio en el país, en nuestra sociedad, implica reivindicarnos a nosotros mismos. El rol que cumplen las nuevas tecnologías y el periodismo son decisivos en ello. Los tiempos han cambiado y ahora es más accesible llegar a más gente, pero antes es necesario sentarse a dialogar sobre ello.

Mediante el impulso de la reflexión sobre los procesos culturales como elementos de cohesión en nuestra sociedad y su interrelación con otras, estamos forjando un nuevo periodismo. La cultura es un vehículo que puede unir a los pueblos más allá de sus diferencias políticas, económicas, religiosas o sociales. En Chimbote hacen falta espacios de debate y discusión de ideas, foros donde los nuevos comunicadores puedan enhebrar proyectos destinados a mirar la sociedad que tenemos con otro rostro, uno altamente inclusivo, cultural.

miércoles, 17 de abril de 2013

Chimbote: indignarse no basta


Augusto Rubio Acosta

Todos somos cómplices de los canallas que nos manipulan; lo somos por incultura, por comodidad y por falta de reacción”. Las palabras de Arturo Pérez Reverte, escritor y periodista español, nos remiten a la sociedad dividida en la que sobrevivimos, una que está cohabitada por quienes defienden sus valores sin tener en cuenta la realidad y por los que gestionan la realidad sin tener valores.
La cita me ha venido a la mente a raíz de lo acontecido el último domingo en el auditorio de la Municipalidad Provincial del Santa, lugar adonde fui invitado para recibir la medalla de la ciudad y un reconocimiento público 'por el aporte al desarrollo cultural de Chimbote' como escritor, activista cultural y periodista que soy, trabajo que he podido realizar modesta y sostenidamente a lo largo de mi vida. La razón por la cual me negué a recibir resolución y medalla alguna, es obvia (lo dejé en claro vía Facebook) y también fue recogida en Poder público.
Sentimientos encontrados afloraron entonces de manera natural el último domingo, porque en ese instante mi madre y mi hermano estaban presentes, porque abarrotaban el auditorio trabajadores culturales que merecen todo mi respeto, ciudadanos y amigos de toda la vida, que asistieron porque entienden que el esfuerzo cultural es importante y vital para el auténtico desarrollo del puerto. A éstos últimos muchas gracias. A quienes en la comuna propusieron el reconocimiento a este servidor, también les agradezco aunque pueda sonar paradójico. No es posible mezclar las cosas, manchar la vida cultural que uno ha tenido siempre, compartiendo mesa, fotografías, discursos y notas de prensa con quienes representan la indignidad y desgracia de mi ciudad y la región en que vivimos.
A propósito de todo esto, algunas reflexiones complementarias: ¿indignarse es suficiente en los tiempos que corren? Creo que no. Estoy convencido que urge ser más inteligente en una sociedad que ya no tiene un centro de decisiones que requiera un hombre providencial al mando. En la medida que pretender controlar la sociedad es anticuado (porque es incontrolable), se puede gobernar, que es otra cosa. En tiempos en que quien gobierna no es quien impone sus ideas a una sociedad que controla, sino quien articula lo que esa sociedad quiere, se necesita más que un médium de un líder. Y aquí juega un rol central quien sepa convertir la inteligencia colectiva en decisiones.
En ese sentido, respecto a lo que sucede en la vida política y cultural de Áncash, no basta quedarse en el análisis, no es suficiente dar nuestro punto de vista respecto a una realidad crítica que se ha ido distorsionando a lo largo de las últimas décadas en Chimbote -y donde el periodismo y los medios de comunicación han cobrado una importancia jamás pensada-, porque el profundo amor a la tierra que nos vio nacer necesita de mucho más que eso: necesita de acción, perseverancia, de esa dosis que tanta falta le hace al imaginario colectivo para poder transformarse en identidad, en conocimiento sobre lo que fuimos, lo que somos, para saber qué seremos, qué necesitamos alcanzar.
Indignarse no es suficiente, Chimbote, no basta. Tus graves problemas nunca se solucionarán si apelamos solamente a ello. Es un paso importante, es cierto, pero no alcanza. Articular, tomar el pulso a la ciudad, mediar y decidir a partir del conocimiento y la verdad colectiva, suma, enhebra, enriquece siempre. Pero necesitamos pasar a la acción. No lo olvidemos.

martes, 16 de abril de 2013

Talking about reading


Augusto Rubio Acosta

En Chimbote, hay quienes ponen como pretexto para no leer: que el libro es caro, que en las provincias del Perú no hay librerías especializadas, que el libre mercado y la prensa vendida solo visibilizan libros de determinadas ideas y clusters editoriales, cientos de pretextos que constituyen -en el fondo- solo verdades aparentes. En las ciudades de provincia hay libros en todas partes, solo hay que darse el tiempo y tener el interés (la necesidad) de buscarlos. Después de todo, en la lucha contra la ignorancia y a favor de la lectura, todo vale, menos terminar de perdedores: fotocopia parcial, pirateo completo, préstamo de libros, trueque, alquiler, expropiación, hurto, robo (conozco casos extremos en los que -de alguna forma- fue necesario delinquir para seguir leyendo y aprendiendo, sin que ello justifique el delito)... Al final de cuentas, nadie te quitará lo leído, lo aprendido será siempre -hasta la muerte- tu más preciado patrimonio…

El párrafo que arriba expongo, así como la ilustración que acompaña, fue motivo de una reflexión que tuvo su origen en un comentario escuchado por ahí respecto a la necesidad de “meter tractor” a oraciones y textos mal construidos, a la necesidad de erradicar para siempre aquéllas “comas” asesinas muy mal puestas, así como a la urgencia de “jalar la silla al patio y ponerse a leer, antes de envejecer sin haber participado en el big show de los más bravos…”

A esta hora, en el búnker, ya se debe haber repartido un manojo de fotocopias reproducidas del último libro de César Lévano, maestro y leyenda del periodismo peruano, quien se ha animado a recoger sus mejores artículos en una publicación imprescindible para todo comunicador y miserable lector que se respete. Menciono el hecho porque no hay pretexto alguno para no leer, lo dejo en claro aunque suene insistente.

Como ustedes saben, el espacio es demasiado breve siempre por aquí. Propongo entonces continuar la conversa en otro espacio, uno menos “académico”, “formalón” e insufrible que éste. Después de todo, para hablar de libros y de lectura siempre habrá tiempo (el tiempo que casi nunca tenemos), el que se extingue con los libros del día y la vida de tinta y papel que elegimos hace mucho, la misma que misteriosa e inefablemente nos hace de alguna forma felices.

Chimbote: erudición y cultura


Augusto Rubio Acosta

Ribeyro se refirió más de una vez (en sus diarios y en una que otra entrevista) a lo fácil que es confundir cultura con erudición. Decía nuestro excepcional cuentista que la cultura en realidad no depende de la acumulación de conocimientos, sino del orden que estos conocimientos guardan en nuestra memoria y de la presencia de estos conocimientos en nuestro comportamiento.

“El erudito, como el avaro, guarda su patrimonio en una media, en donde sólo cabe el enmohecimiento y la repetición. Un hombre que conoce al dedillo todo el teatro de Beaumarchais es un erudito, pero culto es aquel que habiendo solamente leído Las bodas de Fígaro se da cuenta de la relación que existe entre esta obra y la revolución francesa o entre su autor y los intelectuales de nuestra época. Por eso mismo, el componente de una tribu primitiva que posee el mundo en diez nociones básicas es más culto que el especialista en arte sacro bizantino que no sabe freír un par de huevos…”, sentenció en una de sus ‘Prosas apátridas’ más celebradas.

¿Qué tan cultos somos los chimbotanos? La cultura, esa especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de nuestra sociedad: costumbres, prácticas, maneras de ser, rituales, tipos de vestimenta y normas de comportamiento, ¿son inherentes a nuestro conocimiento, a nuestro día a día?, ¿qué informaciones y habilidades tenemos los chimbotanos para ser capaces de reflexionar sobre nosotros mismos?

Reflexionar sobre la realidad en que vivimos siempre ayuda, ojalá muchos de ustedes hayan podido responderse a sí mismos porque –finalmente- de ello depende que en el futuro cercano las cosas cambien y vivamos en un país distinto.

La ‘ciudadanía cultural’ que Chimbote necesita



Augusto Rubio Acosta
 
Para que el peruano sea realmente un ciudadano finisecular y de principios del Siglo XXI, no basta que tenga y practique los derechos civiles declarados y reconocidos por el ordenamiento constitucional, jurídico y normativo. Es necesario que tenga derecho y acceso a los bienes culturales tanto materiales como simbólicos. Es decir, que pueda inscribirse en la estructura política (elegir y ser elegido por ejemplo), económica (trabajar, tener propiedades y pagar impuestos, etc.) y social de su territorio (recibir algunos beneficios sociales); pero también puede y debe participar activamente en la vida cultural de su ciudad: ejercer las libertades de creación y expresión, participar de los circuitos de la oferta y el consumo cultural, intervenir en la industria cultural, establecer relaciones con los medios de comunicación masiva; ocupar, usar, interactuar en los espacios públicos, recreativos y culturales de la ciudad que habita.
En Chimbote, pocos o nadie pueden ser considerados entonces ‘ciudadanos del Siglo XXI’. Antes era una condición básica y mínima el saber leer y escribir y tener grados elementales de escolaridad. Ahora, dado el desarrollo cultural y comunicativo de la sociedad, son necesarias otras condiciones y cualidades; el espectro de los derechos y deberes se ha ensanchado. Por lo tanto, el ciudadano tiene derecho a mayores años de escolaridad, tiene derecho a la información adecuada, oportuna y veraz; tiene derecho a establecerse en el espacio público según las normas de su ciudad y su comunidad. Y en general, tiene derecho a manifestarse culturalmente y a acceder a los bienes materiales y espirituales de su tiempo y de su entorno. Ejercer y llenar estas expectativas configuran la ciudadanía cultural.
Chimbote necesita ciudadanos activos y responsables que asuman e interioricen los valores democráticos o cívicos. Áncash no necesita seres pasivos, sino ciudadanos deseosos y capaces de desempeñar en ella un papel activo y responsable. En ese sentido, la ciudadanía cultural hay que entenderla como la dedicación y cooperación con lo público, lo que es de todos. ¿Qué estamos haciendo al respecto?

Chimbote y la lectura



Augusto Rubio Acosta

En Chimbote, los espacios que reúnen periódicamente a pocas o numerosas personas alrededor de la lectura, la discusión y la reflexión acerca de autores y obras literarias que muchos ni siquiera conocemos, son escasos. Los pocos que existen transforman de alguna forma a quienes asisten y hacen lo mismo con la sociedad en que vivimos. Los lectores están ahí porque quieren y quienes dirigen las discusiones o exponen algo acerca de la obra literaria de turno o el tema que los convoca, lo hacen más por amor al arte que por el pago que -en la mayoría de casos- no existe o es simbólico. Lo importante es que los lectores o asistentes se revisen a ellos mismos, pero que también revisen la mentalidad con la que fuimos formados, los tabúes, la cultura, y nuestras trampas y subterfugios culturales. Son en estos espacios donde nacen los cuestionamientos, las provocaciones que dan origen a los cambios, y Chimbote necesita de ellos para enfrentarse a las balaceras, los asaltos, a la negrura amenazante y pestilente del caos gubernamental y la corrupción en que vivimos.
La ciudad necesita promover espacios alternativos y culturales como los que líneas arriba nos hemos referido, lugares que definan la vocación de quienes están por definirse en la causa de la literatura o del camino cultural que nos enriquece a todos. En los barrios y en las familias, en la iglesia y en la escuela, en los centros de trabajo y en los clubes sociales (hasta en los polideportivos) deberían impulsarse espacios de lectura y de debate alejados de las mafias o círculos cerrados (especie de ‘cofradías exclusivas’ que con fines poder y de dinero existen en el puerto), ya basta de la arrogancia de sentirse los non plus ultra al tratar con la crema y nata de la intelectualidad, porque la lectura es para todos y ajena a la soberbia y a una simple apariencia de superioridad enfermiza.
Chimbote, hay tanto por hacer en materia de lectura en mi ciudad.

Chimbote: la urgencia de ver la vida de otra forma


Augusto Rubio Acosta

En el lugar donde vivimos, ciudad diversa y heterogénea, la falta de curiosidad o inapetencia por el tema cultural es -a nuestro modesto entender- un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación. Dar importancia a lo cultural en nuestras vidas es fundamental para poder ejercitar la sensibilidad, el entendimiento, el razonamiento y la comunicación que necesitamos aplicar en nuestro comportamiento social o ideológico; eso –en teoría- se conoce de sobra. A los chimbotanos (en edad escolar) se les obliga a tener una ‘cultura general’, se les ‘instruye’ (los índices de aprendizaje dicen lo contrario), pero es cuando dejamos este periodo donde debemos convertirla en afición, en modus vivendi.
Ser culto no es privilegio único de los que finalizan una carrera universitaria, tampoco de aquéllos que centran su pensamiento exclusivamente en un aspecto específico. Tampoco se puede pretender conocer todas las facetas; la cultura es tan extensa, tan vasta, que necesitaríamos cien vidas para poder conocerla y nunca llegaríamos a dominarla.
Lectura, escritura, música, pintura, escultura, arquitectura, historia, filosofía, ciencia y muchos más temas nos ofrecen un amplio abanico donde buscar respuestas o crearnos preguntas, pero también existe la cultura popular donde los usos y costumbres de otras personas también pueden enriquecerte tanto como las anteriores. Nuestra región es rica en todo ello.
La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral. La falta de cultura favorece la existencia de la discriminación, la intolerancia, la soberbia y otros comportamientos que no favorecen al ser humano. Ejemplos de ello en el puerto tenemos muchos (cientos, miles) y en todos los sectores sociales (incluso entre gente que se hace llamar ‘culta’), constituyen taras que se multiplican, que crecen entre los escasos árboles sobrevivientes a la pestilencia citadina día a día.
En Chimbote -y en el sector cultura- es urgente la autocrítica, el cambio radical, el empezar un nuevo proceso desde cero (quizá con puntaje en contra). ¿Tan difícil es que veamos la vida de otra forma?

Kapuściński: 'las malas personas no pueden ser buenos periodistas'

Para los periodistas que trabajamos con las personas, que intentamos comprender sus historias, que tenemos que explorar y que investigar, la experiencia personal es, naturalmente, fundamental. La fuente principal de nuestro conocimiento periodístico son «los otros». Los otros son los que nos dirigen, nos dan sus opiniones, interpretan para nosotros el mundo que intentamos comprender y describir.
No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos. La relación con los seres humanos es el elemento imprescindible de nuestro trabajo. En nuestra profesión es indispensable tener nociones de psicología, hay que saber cómo dirigirse a los demás, cómo tratar con ellos y comprenderlos.
Creo que para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se llama «empatía». Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás.
En este sentido, el único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos, o al menos describirlos.

Tomado de: Los cínicos no sirven para este oficio (Anagrama, 2002)

En tren, con un libro... ¿vienes?


domingo, 17 de febrero de 2013

Ser libres para crear, para pensar, para opinar distinto



Augusto Rubio Acosta
 
En las aulas, los maestros repetían con insistencia que las sociedades se construyen desde diferentes enfoques y pensamientos, desde diferentes grupos de pertenencia, y que en ello residía el valor principal del periodismo. En las aulas nos enseñaron que sin libertad de expresión no podría existir democracia y que el mejor ejemplo de ello era el momento que los peruanos vivíamos. Corrían los primeros años de la aciaga década del noventa y la dictadura fujimorista se encargaba de castrarlo todo y maquillarlo hábilmente. A quienes fuimos entonces noveles estudiantes de una universidad tomada por asalto por el Ejército Peruano nos quedó entonces muy en claro que mientras viviéramos entre dos fuegos (el Estado y la subversión manifiesta) debíamos poner énfasis en nuestra formación humana y ética a toda costa, en aprehender de cualquier forma los elementos y las herramientas que nos permitieran poner los valores del periodismo al servicio de la sociedad, porque ésta lo estaba necesitando a gritos, en forma desesperada.

La universidad se convierte entonces en un espacio para comprender cómo se constituyen las sociedades democráticas; en el ideario de la misma debería reinar la libertad de expresión entre todos los miembros de la academia y en todos los temas, no sólo en la libertad de expresión propiamente entendida como tal (estoy hablando de la prensa), sino sobre todo en el ser libres para crear, para pensar, para opinar distinto y aún así poder trabajar mancomunadamente como equipo. La constitución de las sociedades  democráticas se construye de esa forma y el periodismo cumple aquí un rol esencial. El día que se acabe el verdadero periodismo, se acabará la democracia e ingresará la dictadura. No habrá nadie ya que defienda al ciudadano, nadie que se constituya en la voz de los que no tienen voz, todo estaría perdido.

La maldita TV


 Augusto Rubio Acosta

En sociedades como la nuestra, en las que el televisor es considerado más importante que una cocina o que cualquier otro artefacto doméstico, al punto de que en promedio existen dos cajas bobas (mal llamados televisores) por familia peruana, y un alto porcentaje de las mismas está colocada en la sala de los hogares y en el dormitorio, el camino para fomentar el hábito de la lectura entre los niños (obviamente con escaso o nulo control parental), se hace más difícil y tortuoso.

El asunto de la TV es extremadamente grave, porque además de ir a la escuela la principal actividad de los niños y adolescentes peruanos es ver televisión (1277 horas al año, en contraposición a las 1200 horas anuales que los más jóvenes ocupan en las aulas). En sociedades en que el mercado de la televisión por cable se expande en Lima y provincias (con una oferta mínima de contenidos de calidad para niños y adolescentes en la pantalla nacional), la caja boba domina hasta los momentos más íntimos e importantes de las familias.

¿Qué hacer para frenar una realidad apabullante como ésta?, ¿cómo evitar que los días que no hay clases, la mayoría de niños (95%) se dedique a ver televisión?, ¿cómo contrarrestar su influencia hasta en las conversaciones familiares durante el almuerzo?

La respuesta es sencilla y la tenemos todos al alcance: con voluntad, con firmeza y con perseverancia. Desterrar la televisión de la vida de nuestros niños resulta altamente saludable, sobre todo porque el tiempo antes destinado a ello será empleado en leer, dibujar, escribir, jugar e interactuar con la familia. Más allá de la TV hay otro mundo, uno mejor que muchos se niegan a verlo. Tú decides.  

Jerónimo Pimentel: “escribir es una aventura, un ejercicio de persistencia”


Entrevista a Jerónimo Pimentel, el autor de 'La ciudad más triste'
Marco Zanelli

Llamémosle Jerónimo Pimentel. Estudió periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú y ha publicado los poemarios Marineros y boxeadores,  Frágiles trofeos, La muerte de un burgués y el libro de prosas La forma de los hombres que vendrán por Matías P. Delgado. Su último libro publicado por Alfaguara¸ La ciudad más triste, es –a los ojos de este modesto escribidor— la mejor novela del año que se fue en Perú. Desde la mirada de Herman Melville, el autor recrea una Lima de salvajismo omnímodo, imperante desde su política hasta su modus vivendi. Pimentel nos habla de ella y de otros asuntos.

Quiero empezar por Melville. ¿Consideras que Melville es prescindible para una lectura de tu novela? Es decir, ¿se puede leer "La ciudad más triste" sin necesidad de haber recurrido antes a “Moby Dick”?
Sí, por supuesto. Toda obra tiene diferentes lecturas y la novela solo se hace en la medida que el lector la completa con sus afectos, sus experiencias y su imaginación. Quien no haya leído Moby Dick tendrá un tipo de resonancia, y quien la haya leído encontrará otros ecos. 'La ciudad más triste' no es un acto de imitación, y por tanto no es necesario conocer el "original". Dicho esto, debo agregar que nada me gustaría más que la novela funcione como una invitación a Melville.


Entonces, de alguna forma quizá subrepticia, le dices al lector: ahora puedes leer a Moby Dick. ¿Se podría considerar así?

No, en absoluto. No se trata de "ahora puedes" o "ahora no puedes". No planteo esos términos. Mi novela es un ensayo sobre Lima y un homenaje a Melville. Nada más que eso.
 
¿Este homenaje a Melville es algo que siempre has buscado o se cumple únicamente con "La ciudad más triste”?
No, es algo de lo que vengo dejando rastro desde mi primer poemario, 'Marineros y boxeadores'. Y de hecho, la novela inicia con un poema que figura en mi segundo libro, 'Frágiles trofeos'. Uno va pagando sus deudas literarias de esta manera, hasta que se hace inevitable asesinar al modelo, al acreedor. Esa ha sido mi intención con 'La ciudad más triste'.

Y aún esos resabios poéticos se pueden notar en la prosa. Este lenguaje, ¿se podría definir como tu voz narrativa o consideras que es una voz prestada, una voz a la que has tenido que recurrir porque el que tenía que decir las cosas era Melville?
No creo tener una sola voz narrativa, ni una sola voz poética. Creo que un escritor, o al menos en mi caso es así, tiene muchas voces para distintas necesidades expresivas o urgencias. Todas son mías o todas son prestadas, da igual.

¿Pero has procurado tener quizás un estilo más cercano al de los escritores decimonónicos para hacer más creíble esta historia?
De alguna manera, pero entramos ya a un terreno, a mi entender, libre. Borges decía que le gustaba escribir cuentos del pasado porque nadie sabe cómo hablaba la gente en el pasado, entonces era más libre de inventar; la oralidad dejaba de ser un problema. De alguna forma, he querido que en 'La ciudad más triste' se mantenga cierto espíritu 'melvilleano', algunas marcas formales (galicismos, referencias bíblicas, etc.), pero no mucho más. Como te decía antes, no es mi intención hacer un acto de imitación real, porque de ser así debería haber escrito en inglés decimonónico. La novela, en un punto, encuentra su propio lenguaje, y es en la consistencia de ese lenguaje donde se hace creíble y verosímil.

¿Has tenido problemas con ese tratamiento del lenguaje? Hay escritores que le encuentran mucha facilidad como Alfredo Bryce.
¿A qué te refieres exactamente?

A cuál es tu sensación frente a ese lenguaje, ¿te cuesta mucho escribir conforme vas avanzando en tus ambiciones literarias o cada vez lo encuentras más fácil?
No, no me cuesta escribir. De hecho disfruto mucho el proceso de encontrar un lenguaje, porque solo hay un lenguaje que permite expresar la emoción o contar la historia que necesitas relatar en cada caso. Es prueba y error. Vas viendo qué funciona y qué no. Y en ese lapso hay hallazgos y fracasos, hay descubrimientos y decepciones, hasta que encuentras el filón. Escribir es una aventura, un ejercicio de persistencia.

En "La ciudad más triste" leemos la evocación de un salvajismo omnímodo, que parece poblar casi toda Lima, ¿crees que aparte del cielo de Lima, eso es lo que la convierte en algo con mayor melancolía?
Sí, es una ciudad salvaje, que se hizo a punta de golpes y melancolía, como bien dices. Es una ciudad donde la moneda de cambio es el odio, con problemas identitarios, con una fuerte tendencia a no reconocerse a sí misma, que por lo general trata terriblemente a sus mejores hijos y que tiene una relación conflictiva con su entorno. Todo eso, a mi entender, alimenta una añoranza por la "arcadia colonial" de la que habló Salazar Bondy, en 'Lima, la horrible'. ¡Aún hasta hoy!

Ese salvajismo no ha cambiado mucho entonces. ¿Crees que no hay mucha diferencia entre la Lima de Melville y la Lima actual?
Creo que de alguna manera perversa es la misma ciudad, que alienta los mismos comportamientos. Pero de otra, y esto a la luz de los procesos de migración de las últimas décadas, tengo claro también que Lima ha muerto. La capital está en franco camino a ser otra urbe, una que aún no conocemos.

Aparte del salvajismo, también hay un plano onírico en la novela. Quizás temas de desdoblamiento, que podrían decirse fantásticos si no los considerásemos sueños. ¿Es una forma de contrapesar esa realidad salvaje?
Depende de cómo lo leas. Una forma de verlo es que la novela necesitaba un balance entre su hiperrealismo y un correlato onírico. Otra forma de verlo es que la acentuación de ese hiperrealismo genera un estado febril en el que la realidad se deshace y abre otro plano.

Pasando a tu papel de escritor o poeta. ¿Crees en esos compromisos sartreanos con la sociedad o piensas que se puede prescindir de ello? ¿Te sientes un escritor comprometido?
Creo en los compromisos ciudadanos. Creo que el escritor, como todo ciudadano, tiene el derecho de generar discursos críticos y políticos acerca de su realidad comunitaria. Asumo también que por hacer una labor intelectual, el escritor tiene en teoría más recursos para realizar estos acercamientos. Y sin embargo, eso no es cierto. Hay una cantidad enorme de escritores con una facilidad espantosa por decir tonteras. Una idea no vale por su origen, por quien la enuncia, sino por la calidad de sus argumentos.

¿Consideras alguna reminiscencia de Hora Zero circunscrita en tu estética? ¿O solo contribuyó a formarte como poeta por el ambiente familiar tan cargado de poesía?
Hora Zero ha sido fundamental en mi formación como escritor, no solo por el disfrute de sus obras, sino por su postulado teórico, el poema integral. Plantear que el poema es una fuente donde, desde lo poético, se pueden conciliar todos los discursos y estéticas, te permite crear una poesía libre y desacomplejada. Por supuesto, mi formación no se ha circunscrito a HZ, quiero decir, mis padres no han formado a un militante, sino a un hombre. Leo a Vallejo y a Eguren, a Eielson y a Varela, a Hinostroza y a Cisneros, a Calvo y a Morales, a los poetas de Hora Zero, por supuesto, pero también a Watanabe, Montalbetti, etc.

Fotografía de Jerónimo Pimentel:  Deborah Valença.

jueves, 14 de febrero de 2013

Cultural es siempre el camino



Augusto Rubio Acosta

En tiempos en que los sectores gubernamentales de las regiones del país deciden orientar el destino de la mayoría de fondos regionales hacia obras públicas mal hechas, construcciones innecesarias, corrupción y lucha contra el ciudadano que fiscaliza y desea cuentas claras respecto al erario que le pertenece a todos, nadie habla de combatir la pobreza por medio del fortalecimiento cultural, la reducción de las diferencias sociales y la creación de fuentes de empleo.

Nuestra región necesita fortalecer e impulsar a todos los actores en el ámbito cultural, incluyendo las industrias creativas que constituyen uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía, y que son generadoras de empleo y riqueza. El papel de la cultura en todos los sectores del desarrollo (comercio, economía, educación, ciencia, tecnología y turismo) debería ser prioritario de cara a la formulación de políticas de desarrollo sostenible.

La integración social por medio de la cultura es otro factor que no es tomado en cuenta. Facilitar el intercambio de información sobre políticas culturales, divulgar la información especializada sobre este sector, y promover y recolectar datos sobre las políticas culturales de otras regiones y países, contribuye con la creación de indicadores y nos vincula a todos. Es un asunto impostergable que debemos promover de manera urgente.

La necesidad de capacitarse en gestión cultural


 Augusto Rubio Acosta

La capacitación en cultura se ha convertido en una necesidad estratégica no solo en nuestra ciudad sino en cualquier ciudad del país, porque es esencial para la construcción de poder en el sector. Fortaleciendo la capacidad de decisión cultural, los agentes culturales buscarán aumentar su espacio de influencia, empoderamiento basado en el principio de la autodeterminación cultural, objetivo al que aspiran particularmente las minorías. 

Las poblaciones autóctonas (hoy pasadas por alto en todo el país) reclaman una devolución de poder a sus comunidades. Pero para el acceso al mismo es clave la formulación y aplicación de medidas concretas, que es tarea tanto del Estado como de la sociedad civil. En ese sentido, solo la participación más amplia posible de todos los niveles de la sociedad en la vida cultural garantiza una vida plenamente democrática.  

Desde el punto de vista de la sociedad civil, de los gestores culturales de la ciudad, el empoderamiento exige el acceso a la información, así como a los canales de expresión, representación y corrección. Urge informarse e informar, fortalecer y valorar las expresiones populares que enriquecen nuestro acervo cultural, necesitamos ocupar y abrir espacios en el territorio, en las administraciones y en los medios, integrar jurisdicciones, incinerar los egos que dificultan todo entendimiento (y que en el sector cultural de la región  abundan), necesitamos generar hechos concretos y enhebrar esfuerzos con otras áreas, para poder con el tiempo movilizar a toda la comunidad.

La cultura es demasiado importante para una sociedad como para dejarla en manos de una élite o una administración edil o regional. Movilizar a la comunidad no significa juntar gente en recitales masivos seudosubterráneos como los que de vez en cuando se registran en nuestra jurisdicción, sino involucrarla en aras de un proyecto común y propio del que sean verdaderamente protagonistas. Esto solo se consigue estableciendo alianzas estratégicas con otros sectores de la comunidad, para realizar proyectos comunes en los que haya responsabilidad compartida, que es una forma del reconocimiento mutuo. 

Hay mucho por hacer en ese sentido. Hay mucho por hacer en todo lo que significa cultura. Empecemos por capacitarnos.

Más allá de los ‘eventos de cultura'



Augusto Rubio Acosta

En nuestra región, pocos ciudadanos son conscientes de la necesidad de implementar políticas culturales, que a su vez desarrollen programas culturales y éstos a su vez proyectos culturales, los mismos que ejecuten eventos de cultura o ‘actividades culturales’ que -dicho sea de paso- en nuestra jurisdicción se realizan en considerable número, con diferentes resultados, pero siempre (evidencias sobran al respecto) sin saber adónde se dispara, adónde se va.

La siguiente fórmula o sucesión de términos es prácticamente desconocida para quienes de una u otra forma están vinculados al tema cultura en la jurisdicción en que vivimos: 

POLÍTICAS CULTURALES → PROGRAMAS CULTURALES → PROYECTOS CULTURALES → EVENTOS CULTURALES (ACTIVIDADES)

El proyecto cultural constituye entonces el tercer eslabón de esta cadena y tiene como misión generar un cambio, paliar necesidades que han sido detectadas en una fase anterior a su realización. Su fin es ese y debe tener capacidad transformadora. El evento en cambio responde a los objetivos del proyecto y debe estar a su servicio, no tiene sentido de forma aislada. 

En nuestra región abundan ‘eventos de cultura’ (muchos de ellos de dudosa calidad) que aparecen y desaparecen sin ningún objetivo concreto que no sea que el político, que permita a sus impulsores salir en alguna entrevista de televisión, y que no tienen ninguna capacidad transformadora ni responden a un plan de acción planificado. En ese sentido, los ‘eventos de cultura’ forman parte de la llamada espectacularización de la cultura, del endiosamiento de ciertos personajes y de ciertas formas culturales en detrimento del desarrollo de la comunidad. En nuestra jurisdicción el asunto empeora cuando hay quienes se consideran los ‘dioses y elegidos’ del sector, ciegos todos a lo que signifique pensamiento crítico y participación ciudadana. La sociedad tiene que empezar a preguntarse para qué se hacen las cosas y no sólo contabilizar las cosas que se hacen. Podríamos mencionar aquí festivales, conmemoraciones especiales y un sinfín de estos eventos que no generan cambios sociales pero que dan la sensación de que “se hacen cosas”.

Los ‘eventos de cultura’ en la ciudad son consecuencia de la ausencia de una política cultural. La ausencia de políticas culturales es una forma más de política cultural, si no intervenimos en ella estaremos también tomando partido, siendo cómplices del caos y la mediocridad en que vivimos.

domingo, 21 de octubre de 2012

rocktubre


augusto rubio acosta

te escribo esta carta

enciendo este momento sagrado
porque tenemos derecho al delirio
porque en este mundo prostituto
urge la capacidad de vivir cada día
como si fuese el de nuestro nacimiento
urge continuar ejerciendo esa extraña voluntad
de belleza y de justicia
permitirnos soñar para poder vivir cada noche
como si fuese la última
                                          [ la del estribo ]
la de nuestra muerte


te escribo esta carta
porque tus ojos
                              [ como la utopía ]
habitan siempre mi horizonte
uno que tal vez nunca alcance
porque cuando escribo
                                           [ y me prolongo ]
cada vez más se aleja
te escribo esta carta
para que cuanto más la busques
menos la encuentres
para que se vaya alejando
a medida que me acerque
para que cuando pasen los años
yo solo sea el hombre salvaje
y del populorum que te ama
el que aprendió a lavar su taza
y a comer cachangas por corrientes
                                                                [ casi siempre ]
exhausto de tanto andar


te escribo
porque después de todo
la utopía sirve para eso
para caminar
                        [  porque hacer otra cosa no sé ]
excepto incendiar nostalgias y abismos
abrazarte en primavera
cantar
             [ extrañarte ]
vivir.