domingo, 16 de marzo de 2014

'Epístola dialéctica', de Juan Ojeda, cuarenta años después

 Augusto Rubio Acosta



Conocí a Juan Ojeda, leí por primera vez su poesía, recién cuando tuve 18 años y estudiaba periodismo en la Universidad de San Marcos. Lejos de los grupos de poder cultural, el poeta más representativo de Chimbote, el más importante de la generación del 60, no fue reconocido en vida ni su obra comentada o inserta jamás en antologías y volúmenes compilatorios por los críticos literarios ‘oficiales’ de su generación y de estos tiempos.
Su libro ‘Arte de navegar’, prácticamente inhallable en librerías y bibliotecas, así como también entre las colecciones particulares de los mismos poetas y escritores contemporáneos, es un objeto de culto, el vehículo preciado que cada vez que revisamos y releemos nos devuelve al mar apocalíptico, a la indagación de la verdad en el oscuro, hondo y tenebroso mundo donde hoy sobrevivimos.
‘Arte de navegar’ es también esperanza, un libro confrontacional y un llamado a la acción ciudadana en aras de fundar una tierra nueva, una pieza imprescindible (pero también ausente) de la poesía peruana.
Conocí a Juan Ojeda muy tarde, porque en mi ciudad su libro no circulaba por entonces (aún hoy tampoco circula).
En Chimbote prácticamente nadie sabe quién fue el poeta de la condición humana, el creador preocupado por mostrar la historia moral del hombre a través del descenso a los infiernos (con las ausencias y miserias que ello implica); en el puerto apocalíptico de donde vengo, casi nadie lo ha leído (mucho menos entendido sus poemas) y es por ello que considero un honor estar aquí ante ustedes -en la III Feria del Libro de Trujillo- para hablar de un autor cuyos poemas estremecen y constituyen las ‘ribas’ dialécticas u orillas de donde se parte y adonde se llega, donde termina la tierra y empieza el mar, la lluvia.
‘Epístola dialéctica’, la publicación que hoy tengo el encargo de presentar, fue escrita entre noviembre de 1973 y abril de 1974. Cuarenta años después, estas ocho páginas copiadas a máquina por él mismo autor sobre hojas de cartulina blanca de 22.50 x 35 cm., vuelven a circular dedicadas al pueblo chileno, cotejando la escritura con
 la cruenta realidad que nos abisma.
Marcado a fuego con la poesía, Ojeda registró siempre una conciencia poética muy comprometida con el tiempo que le tocó vivir, con su entorno y con la memoria cultural que cohesiona avatares y derroteros de la existencia humana. El fuerte vínculo entre poesía y sociedad vuelve a percibirse en estas líneas, las últimas que el poeta dejara listas para ser publicadas.
El 11 de septiembre de 1973, el golpe militar que instauró la dictadura fascista en Chile, representó una de las mayores derrotas de la clase trabajadora en América Latina.
El autor se conmueve y escribe un poema que es un canto doloroso, la memoria cultural de la que hablábamos líneas arriba, el registro del aniquilamiento de un potencial revolucionario enorme que el fascismo convirtió en una pesadilla de asesinatos y represión sin límites.
El golpe en Chile fue instigado por el gobierno de Nixon en Washington y fue organizado con la más estrecha colaboración de la CIA y el Pentágono. La participación de la clase política estadounidense y el aparato militar y de inteligencia no se limitó a apoyar el golpe militar, sino que estuvieron íntimamente involucrados en apresar, torturar y asesinar a decenas de miles de trabajadores, estudiantes, y sobre todo a intelectuales chilenos de izquierda. Ojeda dejó testimonio de todo ello: ahí estaban los pescadores con sus redes rotas, sus rostros fatigados de navegar sin rumbo, ahí estaba la ira, ese ardor desfondado y el griterío sobrecogedor e intemporal en las plazas.
El poeta le canta a la calamidad y a la serenidad hiriente, a los días podridos y a las meditaciones dolorosas. ‘Epístola dialéctica’ es un poema excepcional, pero además un documento histórico enhebrado cuando caía la noche de los infortunios sobre Santiago, cuando las pestes mayores se apoltronaban en las grandes mesas de la historia de América Latina, y aún hoy -transcurridas más de cuatro décadas de los días aciagos- el aliento del autor se percibe desgarrado, fervoroso, tocado por la luz y la pólvora del tiempo en que fue elucubrado, escrito.
De la época enferma, de las piras encendidas al pie de los cadáveres, nos han sido legadas estas páginas. Nosotros los chimbotanos estamos orgullosos de ellas. Es deber de todos leerlas, atesorarlas, difundirlas.

*Fragmento del texto leído por su autor la tarde del sábado 8 de marzo último en la III Feria del Libro de Trujillo.

1 comentario:

  1. hola, soy egrasada de san marcos y tengo un gran interes en la obra de Ojeda. Donde podria adquirir esa edicion aqui en Lima? Ojalá pudiera darme alguna indicacion. gracias.

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