sábado, 3 de septiembre de 2011

El viejo post que te debo

El viejo post que te debo no es el puñado de papeles grises con que las mujeres del pueblo envuelven el pescado en el mercado El Progreso, tampoco el espacio breve y miserable al que solo la gente friki accede y retwittea; el viejo post que te debo es la esperanza del sobreviviente, lleva y trae el viento, la noche y su memoria, los puntos cardinales y la urgencia de oírte, de verte. El viejo post que te debo lleva y trae además la brisa del malecón que nos conoce, la palabra justa que permite al blogger respirar, llenar de luz este espacio, de razones su vida, su pantalla (este blog), mi existencia...
Hubo un tiempo en que pensamos que la esperanza era utopía y el placer una tristeza, hubo un tiempo en que la oscuridad y tu mano limpia y desnuda constituían parte de la misma claridad y retórica; era sencillo descifrarlo todo, bastaba dejar caer papeles sobre la mesa de nuestra vieja casa libresca y leer: aproximarme a tu vida, acercarte un micrófono, tomar tu mano y susurrarte al oído que había visto en tus ojos despejarse la incógnita del miedo, el verde césped de la libertad, el florecer de la existencia.
De la tarde soleada y el primer beso en la plaza recuerdo el garabato en tu sonrisa, la tristeza almacenada en el desastre de mi alma y la savia dulce y generosa que otorga la esperanza. Fui feliz atenazando tu infancia, obedeciendo a ciegas a mi conciencia, descansando en tus ojos tarde adentro, gritando al cielo y a los árboles (a voz en cuello) mi estremecer, mi alegría.
El mediodía en que nuestros brazos se trenzaron para correr desbocados frente a un fotograma, había salido el sol. Ahí estábamos, codo a codo, sonrientes, pisando firme sobre la plaza, enhebrando el futuro. ¿Recuerdas el día en que supimos que en adelante seríamos tres los que lucharíamos por la justicia? Aún siento tu abrazo infinito. Todavía te veo venir con el pan caliente de Ranrahirca, rompiendo el aire, atravesando el viento, la ebria náusea y la humedad de las mañanas. La piel de los recuerdos permite que se abracen hoy tus ojos y los míos, esta llamarada, la hoguera, nuestra piel encendida.
Este blogger es consciente de que escribir y hablar muchas veces no comunica en absoluto (sobre todo si se piensa y escribe en verso), porque lo que sucede verdaderamente se encuentra en planos más sutiles: el lenguaje no verbal, la energía que emanamos, las intenciones y motivaciones profundas. Sin embargo, hay quienes como yo necesitan de las palabras para comunicar, dar sentido y contexto a la experiencia, a nuestra vida. ¿Sabes que una sola palabra puede despertar nuestra memoria y actuar como disparador de recuerdos y emociones?, ¿sabes que el humor (nuestra coraza), el decoro y la valentía son lo que nos defienden de esta vida peruana, en esta patria que se muere de tristeza? Gime el tiempo, se viene abajo el pasado hostil y despiadado, pero los sentimientos permanecen, reconocen tu tibio corazón sin excusas, tan lleno de nostalgias, llantos y adioses, tan curtido de sueños.
¿Por qué canto si el horizonte de árboles y cielo se encuentra lejos, teñido de ausencias y reparaciones?... Canto porque las madrugadas siempre terminan en mañanas, porque al alba siempre me espera tu encuentro, canto porque el río suena (y piedras trae), porque el viento me trae tu nombre, porque eres del pueblo, porque luchas, porque eres mi destino. Canto porque el grito jamás me alcanza, porque la bronca jamás se extingue cuando de injusticias se trata, canto porque ya llega la primavera, porque huele a flores, porque amas la poesía y con ella hemos vencido siempre a la derrota.
Crear universos abstractos, pintar con la misma materia que el creador: con barro, nunca fue sencillo en el país en que vivimos. Con barro construimos historias, predicamos y evangelizamos en el desierto. Y cuando no hubo para el menú, para la literatura si tuvo que haber, de igual forma para el internet, para el blog, para el twitteo sin descanso; bajar los brazos siempre significó abandonarlo todo, dejar el time line constituía perder la fe. Y nunca la perdimos, aquí estamos.
Nabokov decía que nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad. Las veces que escribo un post (un poema, una crónica, una carta), recuerdo siempre la frase y reconozco siempre el camino, este sendero de memoria, de sombra y luz, de paz dispersa, de agua y de cenizas propias. Las veces que te observo dormida, me siento extraviado, se cierran mis ojos y son tapiados mis oídos, se desata el viento: es el mar sobre mis redes, lu, vida, aquí me ahogo, aquí me quedo.

1 comentario:

  1. Desde hace mucho, gu, las tardes se hicieron humanas y nuestros temores se acomodaron a la música inequívoca de los solitarios que frecuentamos bajo el puente. La eterna presencia de la lluvia bajo el mismo cielo sin cielo de nuestra ciudad nos trajo en sus extensas primaveras la vida diáfana y, solo entonces volvimos a cantar en el tierno acento analfabeto que a veces tiene la poesía, tus palabras y nuestros pasos cansados de vagar.
    Desde siempre, vida, el camino se ha construido de regreso, porque no tiene sentido seguir si la ventana no me busca desesperada o si yo no voy a ella para encontrar la edificación de mis sílabas que son tus palabras.
    Ahora para caminar de mi mano, cimarrón, debes asegurarte que tus sensaciones se mantengan desprovistas de la canción de guerra infinita y conserven la piel del poeta combatiente; mi camisón arrancado a la vida.
    Ahora, gu, tu silencio y mi túnica son una porción vital para alcanzar todos los versos que aún nos faltan escribir.
    Lu, siempre...

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